Cartagena de Indias Delicias Urbanas

Colombia cargagena

Todo es negociable, hasta los paseos en carro tirado por caballos una típica postal de Cartagena, La vuelta de 35 minutos por el casco antiguo cuesta 15 dólares, y es ideal para parejas o familias con niños.
Allí se está a salvo de los vendedores de artesanías, pero no de los cantantes de serenatas.

Cartagena de Indias Delicias Urbanas

A eso de las nueve de la noche, vemos gentes caminando por una angosta calle con su guitarra, y en cuanto se acerca un carruaje con turistas les ofrece sus servicios.
Su voz grave y abolerada puede resultar una garantía para quien pague 60 mil pesos unos 25 dólares aproximadamente, por cuatro canciones a libre elección.
Los europeos piden mucho son cubano o boleros, la música forma parte de la vida diaria de los cartageneros.
Visitar la ciudad y no salir a rumbear es una falta gravísima, casi imperdonable.
En sus ritmos, en sus noches en sus bailes, se esconde el alma de la ciudad.
El vallenato y la champeta son sonidos típicos de la región de Cartagena.
Para diferenciarlos basta saber que el primero utiliza el sonido del acordeón, y el segundo además de tocarse con guitarra eléctrica, tienen un ritmo más marcado y con mayor influencia africana.
Pero en la heroica, los sonidos autóctonos se mezclan con la salsa, la cumbia,  y el rápidamente impuesto de reggaetón.

En materia de música hay para todos los gustos lo que queda claro echando un vistazo a la pista de baile.
Los fines de semana recibe a cientos de personas que quieren divertirse y dejarse llevar por la sensualidad del baile.
Sobre las mesas las sillas o las tarismas, las coreografias improvisadas se van sucediendo y contagian a los recién llegados.
Cuando suena un merengue la pista se llena, pero si toca una salsa seguramente los extranjeros se hagan a un lado debido a la mayor dificultad de ese baile.

Noche en Cartagena

Es imposible no mover los pies allí, pero también es aconsejable perder unos minutos para observar su decoración, sillas colgadas del techo columpios en la barra, un montón de cacharros y trastos viejos acompañan el clima de fiesta y desenfreno en Míster Babilla.
La gastronomía merece un capítulo aparte y si se quiere poner a prueba o educar al paladar nada mejor que zambullirse en los diferentes platos autóctonos.
Lo primero que se deberá degustar es el popular patacón, que consiste en plátano machacado y frito, también el arroz con coco, acompañamiento ideal para todo tipo de carnes, y las arepas de huevo, bocadillo que se prepara con harina de maíz frita en forma de tortilla y dentro de la cual se cuaja un huevo.
Pero todo esto es poco cuando le toca el turno a los pescados y frutos del mar. Robalo, sábalo, pargo rojo y liza deben probarse preparados con leche de coco o verduras salteadas.
El ceviche al estilo peruano o con salsa rosa es una tentación y se puede encontrar en la mayoría de los restaurantes.
En el céntrico El Santísimo, se puede cenar en un patio colonial decorado con imágenes religiosas por unos 30 dólares.
Los nombres de los platos demuestran el humor caribeño, Perdón del Señor es una receta compuesta por langostinos con salsa de mango, jengibre, cilantro y leche de coco.
A la hora de los postres los nombres no son menos tentadores desde La Lujuria hasta el Suspiro de la Novicia.
La variedad de frutas exóticas es tal, que no sería mala idea ir con una libreta anotando sabores, virtudes y contraindicaciones.
Los jugos de lulo, granadilla y guanábana son una buena  elección así como probar la uchuva, la feijoa y con moderación como una pitaya.